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jueves, 17 de septiembre de 2015

La niñez en la línea de fuego


Asombrado por toda la gente que se encontraba frente al mercado de Nimajuyú 1, en la zona 21 de la ciudad capital, el niño Angel García se pregunta a si mismo ¿qué verá la gente?, en el interior de un túc túc está el cuerpo sin vida de Héctor Camacho, piloto de mototaxi. El pequeño de 11 años de edad se desvió del mandado que le pidió su madre para ver el crimen que además había dejado siete personas más heridas por arma de fuego, en lo que se rumora era una intimidación para los choferes para que paguasen la extorsión.

A corta edad cuenta que ha visto a cinco personas asesinadas, cuatro hombres y una mujer, todos muertos por proyectil de arma de fuego, la razón supone lo que dicen todos los vecinos y lo que dice la tele, la extorsión. “La primera vez que vi un muerto fue enfrente de mi casa, no me asusté solo recé por la familia de esta persona”.  

El informe preliminar que manejan los de los Bomberos Voluntarios, que cubrieron la emergencia es que a la cabina llegó una llamada de auxilio “alo, alo, mire en el mercado de Nima, en la zona 21 acaban de balear a varias personas, por favor vengan pronto”.

“Todas las veces que me ha tocado ver esto es por casualidad,  yo no lo busco, dos  ha sido por donde vivo y otras así como hoy porque que iba en mi bicicleta a traer queso y me llamó la atención que hubiera tanta gente y por eso creo que la balacera fue gruesa”. Dice el menor.

De inmediato la estación central en la zona 3, desde el pbx del 122, se llama a la estación más cercana y se advierte que se necesitan de apoyo por la gravedad de la emergencia. Ocho minutos después de la llamada de emergencia, llegan al lugar y lo primero que realizan los paramédicos es atender a los heridos que en total fueron 7, tres hombres y cuatro mujeres quienes esperaban subir al transporte público.

La patrulla de policía llega veinticinco minutos después, el caos aún persiste, los últimos heridos se trasladaron en dos ambulancias hacia el hospital Roosvelt en la zona 11. Los agentes sacan la cinta amarilla, acordonan la escena de crimen, por lo menos lo cercano al fallecido antes que llegue el Ministerio Público para sumar una víctima más a las estadísticas de muertes violentas en Guatemala.

Lo que ven detrás de la línea

Para el pequeño curioso que cursa sexto primaria, ver estos hechos de sangre y violencia extrema es algo normal.  Desde su perspectiva de vida, viendo de cerca la muerte y salvándose en algún momento de una bala perdida esto es “algo doloroso”, aunque también a veces es necesario afirma. “ Para mi es bueno que los niños miren esto, para que se fijen que si uno anda en algo malo así le puede tocar”.

Crecer con esta forma de vida para la niñez en muchas zonas rojas, es una inyección de inmunidad hacia la muerte, hacia la violencia.  Motivo de broma asegura el infante que es este tema. Y la pregunta en las aulas es ¿cuántas calacas has visto vos?, “yo he visto más, no yo más”. La muerte parece estar cerca, en las calles, en las aceras, en la escuela, en los mercados, en el bus, en la tele, en los periódicos y por supuesto en los chistes.


Las historias van y vienen, muchos niños que se alejan de esto porque han visto lo que ocasiona la violencia y otros que deciden vivir de ella. Y Ángel que dice sonriendo “espero que algún día se me quite la maña de andar viendo esto”. Aunque muchos de estos menores se convierten en demonios absorbidos por la mara y el crimen organizado.










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